jueves, agosto 06, 2009

La predisposición a la locura

La sitcom norteamericana "Dharma y Greg" comienza con un acto de locura. Sus protagonistas se conocen en un tren y al cruzar sus miradas se enamoran. Todos hemos pasado por una situación así en más de una oportunidad. Pero a diferencia de lo que sicede diariamente, esta vez Greg toma coraje y decide invitar a su desconocida a tomar un café.

Cuántas veces cruzamos miradas con anómimos transeúntes o compañeros de viajes efímeros y sentimos que sus ojos nos acariciaban el terciopelo del corazón. Incluso podemos haber abrigado la esperanza de acercarnos, hablarnos, invitarnos a bajarnos juntos y tomarnos un café o quedarnos una noche en Viena. Pero la timidez, el miedo, hasta los códigos sociales nos cosen la boca y nos reprimen el impuslo. Como dijo una pelirroja en un sueño, somos hormigas, y no quiero ser una hormiga contigo.

Si no fuera por mi primo, creería que las historias de amor como las de Dharma y Greg son puro cuento de hadas o película de Richard Linklater. Pero mi primo Damían es un ejemplo vivo de predisposición a la locura. Una tarde estaba pasando por Madrid, su ciudad, y unos ojos almendras caminando hacia él le robaron el aliento. Dudoso, siguió caminando hasta cruzarla y perderla para siempre. Pero a los pocos pasos apretó los puños y se dijo a sí mismo que esta vez no la iba a dejar pasar. Volvió corriendo sobre sus pasos y la encontró descendiendo en la boca del Metro. -"Disculpa, ¿me das tu teléfono?" le escupió Damián. Los ojos almendras sorieron y respondieron en perfecto madrileño: "Sí. Apunta. Me llamo Carol.". En el apuro, mi primo se había olvidado de preguntarle el nombre.

La apuesta le salió bien, pero bien podría haberle salido mal. Carol es una madrileña encantadora e indiscutiblemente valiente y brava, porque, hay que decirlo, ¿cuántas mujeres están (estamos) dispuestas a dictar su número telefónico a un desconocido?

Pocas.
Quizás tan pocas como hombres capaces de pedirlo de esa forma.

Mi primo Damián, su novia Carol, incluso Dharma y Greg, poseyeron durante un mágico instante lo que yo llamo la predisposición a la locura. Es un momento efímero de adrenalina donde el alma le gana la batalla a la mente por el el cuerpo. Porque sólo los locos y los enamorados son capaces de pedir o ceder su alma o su número de teléfono a un extranjero en sus vidas.

La predisposición a la locura se manifiesta en un instante (el instante en el que le decimos a nuestra alma que sí) pero dura mucho más. Para algunos, es una forma de vida. Para otros, una etapa. Y para otros, sí, es sólo un instante. El alma puede mantenerse agazapada como un conejo blanco esperando el momento indicado para saltar y dominar al cuerpo en el atizbo de presente correcto durante un tiempo indeterminado. A veces toda una vida. A veces el conejo nunca llega a saltar y se le paralizan las piernas de dolor.

Las situaciones provocativas a dejarnos llevar por la locura suceden diariamente en los lugares que solemos frecuentar, esquinas memorizadas o en decorados inesperados como un ascensor o una iglesia. Suceden por la noche, la madrugada y la siesta. Y nosotros las dejamos pasar constanemente, manteniendo al conejito apretado contra el suelo, paciente. Dominamos nuestra locura, ya que no nos dejamos llevar por la tormentosa corriente de ese río fresco llamado inceridumbre. Una y otra vez nos decimos que no a nosotros mismos, porque no es correcto, no está bien visto, no sé si vale la pena o no me queda bien. O simplemente no, porque no sé.

Son aquellos escasos momentos en los que decimos sí, y nos sumergimos en la locura de lo desconocido, lo incierto. ¿Puede salir mal? Claro que sí. Pero la vida es eso. Es vivirla, disfrutarla, arriesgarse, perder, ganar. La vida nos tira los dados constantemente, y nos preguna si vamos a apostar. Todo o nada.



¿Cuánto podés tardar en decir que sí?


12 comentarios:

Border dijo...

Me encanto la historia de tu primo.
Y es verdad, es ese momento magico, en el que uno parece haber tomado Red Bull y te da alas para ir a su encuentro.

Beso grande Claire, buen finde.

Germán dijo...

eeee coloradaaaa, =D muy buen post!
besos!

Leonardo Tolosa dijo...

El tema también amerita preguntarnos qué es lo que consideramos "locura", un término que se aplica con demasiada soltura en el presente. Hoy en día ya no describe solamente a personas con patologías mentales, sino que lo aplicamos a todos aquellos que son o hacen cosas diferentes, distintas a lo que el orden social establecido manda.
Nuestra sociedad actual es de carácter individualista, competitiva e impregnada de miedo y paranoia, un clima que nos hace ver al prójimo como una amenaza o competencia. Ante todo esto formamos una barrera defensiva para sentirnos seguros, y cualquiera que no la tenga o intente atravesar la del otro sin preámbulos va en contra de lo que esta sociedad dicta acerca de cómo deberían ser las relaciones interpersonales.
No es locura, son nuestros más puros y naturales sentimientos de querer acercarnos espontáneamente a los demás y compartir, un hermoso impulso que erróneamente todos reprimimos, mientras nos sentimos cada vez más alienados y asustados.
Hermoso post, da bastante en qué pensar.
Gracias por compartirlo, besos...


Leo.

Anónimo dijo...

Es cierto

pero cuando bajamos esas barreras es tan lindo sentirse a merced del viento.

Just ME.

Claire Mandarina dijo...

Border: Gracias por sus flores, me encanta que sigas acá contra viento y marea!

Germán: eeee morocho (?) gracias!!!

Leonardo Tolosa: Sabés?... En realdiad, cuando empecé a escribir el post quería expresar esto que vos decís en tu comentario. Pero después las palabras fueron llevándome por otros rumbos. Igual, adivino que si vos leíste lo que comentaste es que al fin de cuentas el espíritu se mantuvo... Gracias!

Anónimo: Sí, esos momentos son verdaderamente hermosos. Pero suceden de a dos o no suceden.

Ceci =) dijo...

Hola!!! lei tu post en la revista Oblogo (revista que adoro!) y me encanto!!! prometo seguir pasando y seguir leyendo, asi que segui asi!!

Beso grande! =)

Claire Mandarina dijo...

Ceci =): Hola!! Qué alegría, una lectora nueva! Jajaja... mil gracias por tus palabras, sos bienvenida por acá cuando quieras. Y aguante Oblogo!! :D

Dolo dijo...

Me encantó el relato acerca de la historia de tu primo. Tengo un amigo mago que en Madrid también le han sucedido varias historias así. Ojalá todos vivieramos más intensamente y nos dejaramos llevar por esos momentos de espontaneidad. Soy de esas que todavía creen en el amor de las películas también y me encanta saber que estas cosas realmente suceden. Besoo!

Claire Mandarina dijo...

Dolo: Un poquito de magia en un mundo obsesionado por la ciencia... es lindo saber que todavía existen las historias de amor =) Gracias por tu comentario!

Marcelo dijo...

Hola... Necesitaba entrar a tu blog y comentar. Leí esto en la Oblogo (mientras hacia tiempo) y me gustó tanto que lo terminé leyendo en terapia y hablando sobre los momentos mágicos en mi vida... eran de ese estilo... donde uno deja de lado al sentido común y se lanza con todo y sin miedo, con alegría y esperanza.

Yo pienso como vos, cuesta, pero se puede. Y sabé que salí de la sesión con el pecho inflado y una sonrisa de oreja a oreja.

GRACIAS =)
PD: Te acredistaste un poroto y un nuevo lector.

Claire Mandarina dijo...

Marcelo: Me alegro mucho que el post te haya gustado tanto!... Muchas gracias por tus lindas palabras; la verdad, saber que ayudé a alguien en su terapia me pone muy contenta!! jajaja... Sos bienvenido cuando quieras volver a pasarte :)

Fer dijo...

Cómo estoy disfrutando este blog! Sigo leyendo...