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domingo, octubre 11, 2009

Entrevistate esta Mandarina

El maravilloso mundo de Internet sigue dándome gajos de felicidad.

Esta vez, los muchachos de la revista online El Vernáculo dedicaron la sección Blogósfera a Mundo Mandarina, el blog de esta humilde servidora. Me hicieron una entrevista muy simpática que ya salió publicada en su número 78 (con fotitos y todo!).

Pueden leer la entrevista haciendo click en la imagen o acá.
Atenti que es en la página 88!


Gracias a Leonardo Gudiño, autor de la nota, por tus piropos y tu interés!

miércoles, octubre 07, 2009

Pasajera nocturna

Hace ya algunas semanas que vengo con algunos problemitas para dormir de noche. Mi rutina nocturna viene a ser la siguiente: llego de laburar, ceno algo, me cuelgo en la computadora escribiendo, twitteando y boludeando y cuando me di cuenta son las 4.30am. Hora del bajón. Entonces abro la heladera y me llevo lo que haya encontrado (en el mejor de los casos una milanga fría) al livin, para ver la tele mientras como. Pero justo entonces agarro alguna repetición de una peli o serie que me interesa por más que ya la haya visto, y cuando vuelvo a ver el reloj son las 6am. Y entonces ahí sí, apago la tele, guardo todo, vacío el cenicero y me meto en la cama, agradeciendo que mi horario laboral arranque a las 14hs.

Yo no sé por qué hago estas cosas. Por un lado, bueno, admitámoslo de una vez: tengo una adicción a Internet. Necesito chequear los mails, los blogs, Twitter y, en menos medida, Facebook. También están esos amigos online que una tiene, a los que no les conocés ni la cara, pero con los que pasás horas chateando por día. Pero más allá de Internet... ¿cómo puede ser que me esté cayendo de sueño, y luego de encender la computadora deje de bostezar?

Por otro lado está el tema de la soledad nocturna. Como convivo con Mamá Mandarina, es difícil estar sola y tranquila en casa, sin que nadie interrumpa ni rompa las pelotas. Las madrugadas, en cambio, son sólo mías: ella duerme, yo escribo.

Y por último, está el tema de los límites. ¿Por qué no me voy a dormir a un horario medianamente normal? No digo las 22.30hs, eso no existe en mi mundo ni nunca existirá. Pero, por ejemplo, la 1am... no es un mal horario para acostarse. O las 2am, incluso. Y no. No lo hago. Cuelgo entre bloggers y Legalmente Rubia por más que en mi cabeza todo lo que quede es una niebla sonámbula. Quisiera que se entienda esto: no es que se me vaya el sueño, es que reniego de él. Durante el día puede atacarme un cansancio infernal en cualquier momento. He cabeceado seriamente cargando expedientes en el laburo, y las siestas de 45' que me pego en los colectivos son lo que me mantienen con vida. Pero cuando llega la noche, mi mente se niega a ponerse a descansar, por más que mi cuerpo lo implore. Como si fueran horas secretas de tranquilidad personal que le robo a las madrugadas para tener tiempo no sólo para hacer lo que debo, sino también lo que me gusta.

De modo que sí, tengo problemas con la adicción a Internet, y un serio trastorno del sueño que debo controlar. O al menos aprovechar ese tiempo mejor, y en vez de volver a ver Ray, escribir este post.

Uy, son las 2.10am...

Listo, me fui a dormir.



Good night!




miércoles, septiembre 16, 2009

Encuesta Mandarina

Encuesta para usuarios de Twitter:

¿Cuántas pestañas tenés abiertas ahora?

lunes, septiembre 14, 2009

Ladies brunch

A mi primer novio lo conocí por Internet. Una madrugada buscó porteñas conectadas (el glorioso ICQ permitía ese tipo de búsquedas) y, por supuesto, me encontró a mí. Chateamos un tiempo y finalmente nos encontramos en Camelot por primera vez.

En ese entonces encontrarse con alguien que habías conocido por Internet era una locura equiparable a ir en bolas por Once. La red de redes todavía era 1.0, los padres no la usaban y los adolescentes éramos advertidos por amenazadores psicópatas, pedófilos o cobradores de impuestos que falseaban sus identidades en salas del mIRC para conseguir números de tarjetas de crédito o pornografía infantil. Poca gente usaba Internet, y mucha menos la comprendía, de ahí el miedo y la desconfianza que generaba.

No sé si será porque soy parte de una generación nativa, o por mi histórica falta de escrúpulos; lo cierto es que yo, desde que tengo 15 años, he conocido muchísima gente a través de Internet. Por ICQ, por listas de correo, foros, blogs y más recientemente Twitter, he conocido decenas, incluso más de un centenar de personas. Muchas de ellas quedaron en un pasado adolescente; la mayoría, en cambio, sigue siendo parte fundamental de mi vida. Amores, amistades, huracanes de sábanas: las relaciones tomaron cualquier forma humana posible. Mi vida hoy no sería mi vida, si no fuera por Internet.

Con los años el miedo a Internet fue desapareciendo, y hoy nadie se avergüenza de admitir en público que conoció a su novia por Facebook. Entre las maravillas del networking en la actualidad, me llegó por Twitter una convocatoria: el
Ladies Brunch. La idea era tentadora: forzarnos a salir un domingo al mediodía para comerse un rico brunch con otras mujeres 2.0 y chusmear, conocerse, hacer contactos interesantes y divertirse un rato. El concepto me parecía una locura, y por eso me anoté. Si bien mi curriculum es extenso en lo que a encuentros offline se refiere, nunca había ido a una convocatoria de este tipo sin siquiera haber tenido algún tipo de contacto online. Una nueva experiencia, entonces. ¿Por qué no, eh?

El primer Ladies Brunch se desarrolló en el BoBo Hotel, pleno Palermo Viejo. Precioso lugar, super sencillo y muy acogedor. El menú fue un manjar, y preparado especialmente para el evento. Fuimos al rededor de 35 mujeres (qué convocatoria!) de los más diversos intereses y ocupaciones: publicistas, chiicas RRPP, modelos, fotógrafas, bloggers y hasta una niñera! También me llamó la atención la cantidad de extranjeras que había: hablé con una norteamericana, tres inglesas, una mexicana y una colombiana; todas ellas viviendo en Buenos Aires por decisión personal (wau!).

Desafortunadamente la distribución de las sillas y meses dificultó la interacción con todas, pero las chicas que se sentaron cerca mío eran todas encantadoras, y fue un verdadero placer charlar con ellas durante algunas horas, conocernos, reirnos, pasarnos contactos y prometernos una segunda vuelta.
Así que, desde este humilde lugar, abrazo públicamente a Marinita por su gran iniciativa, y ya le doy el presente indiscutido para el próximo encuentro!

Thank you girls for so much fun!

martes, septiembre 01, 2009

Efecto anti-publicitario

Hace días que vengo masticando bronca y pensando en encausarla a través de mis dedos en este, mi humilde espacio blogger, mi ventana al mundo donde puedo decir lo que se me canta, recomendar lo que se me antoja y quejarme con libertad. Aquí va:

Estoy enferma de publicidad.

Estoy absolutamente harta de la publicidad. Harta de que cada vez haya más, en más lugares, más invasora, más dañina. Creo que últimamente disfruto tanto estar en mi casa porque no estoy expuesta a la locura publicitaria. Es ingobernable la cantidad de información visual, audiovisual y sonora que constantemente nos bombardea diciendo que si compramos algo vamos a ser más felices, nos va a reducir trabajo o nos va a hacer crecer las tetas.

Yo entiendo al capitalismo. Él necesita constantemente generar mercados nuevos, o renovar los viejos. Entiendo que la lógica de todo el sistema en el que estamos inmersos (y no podemos hacer nada por cambiar eso, salvo la revolución) se sostiene sobre el sagrado pilar del consumo. Por eso es tan importante convencernos de que somos gordos, feos, o simplemente menos que los demás; y que comprando un producto eso se solucionará.

Pero hay algo que el capitalismo no entiende de mí, y de personas como yo. Y es que su sucia y asquerosa estrategia publicitaria genera lo contrario en mí. Lo he dado en llamar el efecto anti-publicitario. Déjenme explicarme. Asumo que todos mis lectores frecuentan los canales de televisión Sony y Warner, al menos un poquito. Yo los frecuento bastante (teniendo en cuenta que miro poquísima tele). Bien. No sé si habrán notado la insoportable cantidad de publicidades que la marca Colgate tiene en esos canales. Es infernal. No es posible que una marca tenga tantos productos diferentes cuando se reduce al estrecho mercado de la higiene bucal. Pero Colgate siempre se las ingenia: enjuagues bucales, centenares de diferentes cepillos de dientes, miles de pastas dentífricas entre las cuales elegir. Hay que admitirles que se sacaron un 10 en Chamuyo intentando diferenciar un cepillo de otro, o un dentífrico de otro. Pero tanto me han llenado los ovarios con helio, que hace ya más de un año Colgate me ha perdido para siempre como consumidora, por culpa del antes mencionado efecto anti-publicitario. He decidido, conscientemente y como reacción a su bombardeo publicitario, no comprar nunca más un producto Colgate. Y desde entonces soy afiliada a Kolynos.

Así como me pasó con Colgate, me pasa con miles de otras marcas o productos. El entretenimiento es uno de los ejemplos más claros de esto. Consumo varias revistas (OK, lo admito, soy una fetichista de las revistas), pero son elegidas con mucho cuidado. Y ninguna de ellas está tratando de venderme sólo la publicidad que viene adentro. Detesto con toda mi alma publicaciones del tipo Para Ti, cuyo único contenido es un catálogo bastante caro. Salgamos del micromundo editorial: pensemos en la radio. La cantidad de segmentos auspiciados por marcas que hay en los programas de la Metro es infernal. "Auspicia las máximas del Hombre Cualquiera Red Megatone". WTF?... Y ni hablar de las estruendosas publicidades entre bloque y bloque. Logran que me saque los auriculares durante 10 minutos...

El efecto anti-publicitario entonces, cambia nuestro consumo en función del rechazo que nos producen ciertas marcas o medios por su discurso publicitario. Producen el efecto exactamente opuesto al deseado: en lugar de tener ganas de consumir, rezamos porque la empresa quiebre y no tengamos que ver nunca más a una notera con un cameraman entrar corriendo al baño de un pobre flaco que tiene mal aliento.

Como dije al principio, yo entiendo al capitalismo. Entiendo que hay ciertos emprendimientos que si no fuera por la publicidad que llevan encima no podrían ser posibles (caso de revistas y radios independientes, blogs, y demás). Es claro que no sólo tolero sino que apoyo esta clase de publicidades, y me parece que dentro de todo es beneficiario para ambas partes, y al consumidor no lo perjudica en gran forma. A mí lo que me rompe la paciencia es ir a mear al baño de un shopping y que a la altura de mis ojos sobre el inodoro haya una publicidad enorme en la puerta. Me siento violada e impotente porque yo no puedo hacer nada porque pongan publicidades en los baños de los shoppings, en los asientos de los colectivos o en carteles cada vez más inmensos que tapan el escaso sol porteño. No existen ningún tipo de ley que proteja mi derecho de ver el cielo, viajar en bondi tranquila o mear en un shopping en paz. Es imposible luchar contra ellos.

De modo que enalboro la bandera del efecto anti-publicitario como mi pequeña venganza personal. Y busco otras opciones. ¿No me banco escuchar la Metro? Escucho radios online. ¿No soporto ver Sony y Warner? Me bajo películas y series por uTorrent. Así, estoy matando dos pájaros de un tiro. Porque no sólo me limpio de publicidad dañina (y no les compro un carajo), sino que además encuentro cosas mucho más interesante buceando en lo under de Internet y los kioscos de revistas. Encuentro proyectos piolas, creativos e inteligentes de gente que de verdad se merece cobrar por ello y vivir de eso. Y cuyas publicidades no me ahogan, sino que me ponen contenta.

Y todo gracias a que el capitalismo no me entiende.

lunes, agosto 24, 2009

Tweet tweet

La primera vez que oí hablar de Twitter fue de la boca de mi amigo @elfaco. Me comentó que estaba usando una página (el término "red social" todavía no se había vuelto cool) cuya consigna era contar lo que estás haciendo en 140 caracteres o menos. Para una zurdita estudiante de la UBA como yo, la idea de hacer público cada minuto de tu vida en Internet me erizó los pelos de la nuca. Casi enojada le escupí que no, que cómo podía ser, que eso era el Panóptico digitalizado y, peor aún, voluntario, que estaba regalando su vida y su intimidad al capitalismo, etc. Afortunadamente él hizo caso omiso de mis acusaciones de militonta y continuó cosechando fama en Twitter. Hasta que, por esas cosas que tiene la vida, terminó consiguiendo laburo gracias a sus fabulosos posteos de 140 caracteres. Lo que en mi barrio se dice me cagó.

Fue entonces cuando pensé en darle otra oportunidad a esa cosita loca de la que tanto me había hablado. Debo reconocer que al principio Twitter es muy desconcertante. Uno no sabe por donde empezar. Siguiendo el consejo de Facu, arranqué por seguir a @Tuitiar, la comunidad argentina de Twitter, aunque nunca supe si alguien alguna vez me siguió o me dejó de seguir por eso.
Este es el momento glosario-educativo del post. Si bien quiero creer que la mayoría de quienes pueden leer esto ya saben qué es, cómo funciona y qué significan esas arrobas, quiero hacer este post extensivo para todos aquellos analfabetos 1.0 que aún no han descubierto el placer de regalar su intimidad al capitalismo. En Twitter uno sigue gente, y la gente (se supone) lo sigue a uno. Quienes te sigan a vos, serán tus followers, y viceversa. Eso significa que en tu página de inicio (de ahora en más, tu timeline) de Twitter aparecerán sus twitts, es decir, sus miniposts de 140 caracteres. Y tus twitts, por supuesto, aparecerán en los timelines de tus followers. A su vez, así como en los blogs existen las etiquetas para clasificar las entradas, se pueden etiquetar los updates de Twitter a través de las llamadas hashtags, que se identifican por tener el símbolo #numeral al comienzo (por ejemplo, #HarryPotter).

¿Que por qué tengo esta explicación tan aceitada? Bueno, es que últimamente se lo he estado explicando a muchísima gente. Compañeros de laburo, de facultad, amigos, familia; de repente, mi vida necesitó la explicación de qué es Twitter por el simple motivo de que mucho de lo que está sucediendo en ella tiene que ver con ese bendito invento de un genio de la Interné. Yo no conseguí laburo gracias a Twitter (todavía) pero sí he conseguido otras cosas.

A ver. Creo que uno de los verdaderos sentidos que le encontré a Twitter fue en las últimas elecciones legislativas. El pasado 28 de junio fui, voté, volví y prendí la compu para ver el timeline. Porque, claro, la veda electoral rige para los medios de comunicación tradicionales, pero no para los picarillos 2.0. Con lo cual, a tavés del hashtag #urna2009 uno podía encontrar todos los twitts relacionados con las elecciones. Y tenías gente que comentaba desde si habían visto muchos o pocos ciudadanos con barbijos hasta los boca de urna que habían oído por ahí, pasando por verdaderos twittaholics que actualizaron desde su lugar de presidente de mesa durante toda la jornada. Como bien dijo uno por ahí, "Negra!! Prendé el Twitter pa'ver cómo van las elecciones!".

Ahí entendí que lo que tiene de genial y novedoso Twitter es que es comunicación directa entre miles de personas, sin ningún tipo de filtro, censura o edición. Y no estoy hablando solamente de gente común como vos, yo o mi verdulera. Hablo de gente famosa. Díganme cholula, no me importa: tener la oportunidad de saber en qué está laburando David Lynch, qué está pensando Neil Gaiman o incluso leer twitts de un astronauta desde un jodido satélite en órbita, es un flash.

Con el tiempo entendí que la mayoría de la gente no usa Twitter para contar qué es lo que está haciendo. O sí, pero no es la gente más interesante. El desafío de la brevedad es alto, y quienes logran surfear con elegancia por los 140 caracteres son verdaderos genios. Hay muchas mentes brillantes dando vueltas por la twittósfera, y es un placer que deleita los ojos. Se encuentran verdaderas prosas y verdades profundas por ahí. Ni hablar de esos twitts que te arrancan una carcajada en el medio del laburo. Es difícil explicarlo. Tienen que vivirlo.

A Twitter puede definírselo de mil maneras. Una de mis favoritas es pensarlo como un medio de comunicación masivo y alternarivo a la vez. Sigo varios canales de noticias, como este o este (aunque, hay que admitirlo, la mayoría está en inglés). Durante el conflicto en Irán esos canales tiraban información (ampliada en links) que no se veía por ningún otro lado. O en el proceso de Honduras que arrancó con el golpe de Estado, seguir a twitteros hondureños era una inagotable fuente de sorpresas. Twitter es materia prima, información cruda, directa de una persona a otra. Es la pesadilla de los monopolios de los medios de comunicación. Y por eso me encanta.

Sin embargo, nunca pude abandonar mi idea originaria con respecto a Twitter. Sigo creyendo que, en cierta forma, es el panóptico digital y voluntario. Además, es super adictivo. Cada vez que aparece la Fail Whale indicando que el servidor está saturado miles de personas al rededor del mundo gritan la agonía, deseando poder twittear que qué desesperante es que se caiga Twitter. Pero, como todo, termina dependiendo de uno. Es uno mismo quien elige el uso que le quiere dar, cuánta información poner, cuánto mostrarse ante sus desconocidos followers.

Para mí, como todo en Internet, el secreto está en el antifaz.

miércoles, junio 17, 2009

La Loca de Mierda en The Cavern


Yo sé que todos ya la deben conocer, pero si no es el caso, deberían.

Hoy a la noche fui con mi amiga Pootah
(que no linkeo porque la oligofrénica es demasiado pelotuda como para hacerse un blog) a ver a mi nueva diosa personal. Disculpen, sé que suena exagerado, pero esta Loca de Mierda es un ser único. A mí me encantan las minas que pueden expresarse con humor, probablemente porque a mí no me sale ni en pedo, así que sublimo a través de ellas todos los chistes que no se me ocurren. Pero volvamos a ella.

La divina de Malena Pichot hizo estallar The Cavern esta noche fría de 17 de junio. Hubo dos muchachos bien agraciados antes de ella (al primero le re doy), pero cuando el presentador la -ejem-, presentó, el estadio (?) estalló en ovaciones. Todos habíamos ido a verla a ella. ¡
Qué bueno! ¡Quiere decir que le está yendo bien!...

Se comió todo. El escenario, las risas, la poronga, todo. Se te notaba nerviosa, divina, mi amor!! ¿Nerviosa por qué? Todos habíamos ido a verte. Y la verdad que fue infalible.

Lo que a mí no me gusta del stand up (aparte de que es grasa :P) es que si el comediante no es bueno, me siento incómoda. Una, como público, siente la obligación de reirse de chistes malos o no-tan-buenos porque miralo ahí, pobre pibe, re nervioso, está recién arrancando y no da no reirse nada, porque le cagás la noche. Y la que la termina pasando como el culo soy yo, forzando los chistes para que me parezcan un poco más graciosos y reirme para que un pobre diablo que ni conozco no se vaya a dormir llorando y pensando que es un fracasado por mi
culpa.

Bueno, quizás esté exagerando.


El punto es que los muchachos Fernando Crisci, Daniel Kertzman y Nicolás Salischiker (teloneros de Malena, si se me permite la expresión) me hicieron reir, sí; pero también hubo varios silencios de ese tipo, con esa incomodidad tan única del chiste no festejado. Pero con Malenita no. Era incontrolable. La loca subió al escenario y dejé de mirar al público
(como estaba en el entrepiso eran casi parte del show para mí), dejó de haber otra gente y sólo me dediqué a prestarle atención.

¿Vieron cuando de repente se encuentran con alguien famoso en persona y no pueden dejar de mirarlo? Es como que querés verlo como una persona finalmente, ver cómo se ve en realidad.
Yo sé que es de cholula total, pero es más fuerte que yo, no puedo evitarlo. Bueno. Eso me pasó esta noche. Y eso que Male no es (tan) famosa. Pero verla en YouTube me ayudó mucho a hacerme reir algunas noches tristes de los últimos meses, y le tomé cariño como a una amiga imaginaria. Por eso estaba tan emocionada con verla en vivo.

Decía, con esta Loca no hubo silencios incómodos. Al contrario. Yo dejé de prestar atención a las risas (aunque por supuesto las oía), pero la verdad es que se respiraba otro ambiente. Sentías en el aire que la gente estaba sonriendo, esperando los remates. Y a mí me hizo mear de risa. Yo estaba muy contenta, bien predispuesta, y el show no tuvo desperdicio ni un segundo. Me reí como hacía mucho que no me reía en el teatro. La pasé de 10.

¡Y en cima resultó que nos sentamos al lado de las amigas! Entre las que estaba obviamente Carla, coprotagonista de varias aventuras youtuberas de la Loca de Mierda y tan cuelgue como ella. Me tragué todas las ganas de saludarlas, lo admito. Me dio vergüenza sentirme gruppie, lo cual he comprobado que es una estupidez: a los artistas
under les encanta que les vayas a hablar. Hasta es probable que pegues onda y te vayas a tomar una birra con ellos, lo cual garpa muchísimo por más sea un miércoles a la noche. En cima estaba con Pootah, también conocida como mi secuaz enmascarada de aventuras insólitas cuya recopilación algún día será bestseller. Pootah se re copa con mis cuelgues, diría que incluso me empuja al ridículo en oportunidades (y yo sigo cediendo! boluda!). Así que ahora lo pienso y digo mierda, re daba irnos a conchetear con Malena y sus amigas (y sacarnos una foto con ella! fuck!). Podríamos haberlo intentado. De última nos decían que no y listo. Pero Pootah no hizo ningún ademán de detenernos a esperarla y a mí me dio vergüenza decirlo. Así que nos tomamos el 60.

Pero Male querida, si leés esto, sabé que para la próxima me animo. ¡Lo prometo!


Estuviste divina y genial.
¡Que no te pare nadie...!


(NOTA: Las fotos las sacó Pootah quien próximamente
deberá hacerse un Flickr o procederé a patear
su feo culo)



UPDATE: Malena de su versión de los hechos en su blog y usó la misma foto! Yo también pensé que era la más linda! ;)